20151119

Educar sin gritar



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La vorágine del día a día, las prisas, los atascos, el estrés de la casa, el trabajo, de llegar a fin de mes..., favorece que podamos estallar con una palabra más alta que la otra cuando un hijo no hace caso a la petición de sus padres. Al final, el estrés de los padres lo pagan los hijos.

Cada vez es más habitual encontrar familias que resuelvan todo a gritos y parece imposible una vuelta atrás, a las conversaciones y negociaciones sin elevar la voz. Las consecuencias negativas de los gritos a nuestros hijos son múltiples; los beneficios, ninguno. «Educar gritando les aporta: malestar constante, estrés, problemas de concentración, desmotivación, frustración, rabia, baja autoestima, desatención, mal ejemplo (si gritamos, ellos gritarán)».

Es posible educar sin gritos, aunque conlleva un esfuerzo por parte de los padres. «Es mucho el trabajo de desapego que se tiene que hacer con el pasado y con la sociedad, pero una vez en ello, todo es mucho más sencillo, además de aportar serenidad, bienestar, confianza y comunicación positiva a los hijos y a su personalidad presente y futura».



Para lograrlo se recomienda llevar a cabo los siguientes pasos:


1. Mirar desde sus ojos: comúnmente se nos olvida que los niños son niños, no adultos en construcción. Es decir, los niños no ven la vida como nosotros la vemos ni razonan de la misma manera. No tienen maldad, no van más allá, no dan vueltas de tuerca a las situaciones, ni hacen las cosas por detrás.

Los niños piensan como niños, ven una oportunidad de juego en cada situación, aprovechan cada minuto para tener tiempo libre, sin obligaciones, sin normas, juegan y disfrutan del día. Por eso, es importante que, ante una situación de conflicto con los hijos, antes de actuar, de gritar, uno se pare a mirar desde la perspectiva del pequeño, su punto de vista, desde sus ojos.

Es importante entender que, lo que para los padres es un dilema enorme, para ellos ha sido una decisión propia, sin ninguna maldad. Por ejemplo, si el niño de 8 años ha traído una nota de la profesora en su agenda porque no hizo los deberes, lo aconsejable es leer la nota, respirar y pensar «vale, es un niño, seguramente esté harto de la cantidad de deberes que le ponen, o bien, no le salían muy bien o le parecían aburridos y decidió no hacerlos». Entonces, se sigue solucionando «el altercado», pero los padres ya se han parado los pies y evitado este primer impulso de gritar enfadada/o con gran énfasis.

2. Reflexionar: una vez dado el primer paso hay que reflexionar en cada situación. Es decir; respirar hondo y pensar si aquello que ha hecho es tan grave, tan importante o, por el contrario, es algo que se puede pasar por alto porque a mí como adulto me parece mucho, pero para él es simplemente una manera de hacer.

Con la empatía y la reflexión, se podrán prevenir y evitar muchos conflictos, porque se rebajará la ira y se podrán ver las cosas de otro modo. Solucionarlas sí, pero no de forma violenta ni angustiosa.

3. Escuchar activamente: en muchísimas ocasiones, cuando hay algún conflicto en casa, los padres no escuchan la versión de los hijos, no se les da ni siquiera la oportunidad de explicar sus motivos. Los niños siempre tienen un motivo para hacer lo que hacen, y éste, no tiene nada que ver con el motivo adultocentrista que los padres puedan imaginar. Hay que darles la oportunidad de expresarse, de explicar lo sucedido. Siguiendo el ejemplo anterior, ya se ha llevado a cabo los dos primeros pasos: empatizar y comprender que es un niño, se ha reflexionado y bajado así el nivel de frustración y enfado. Ahora toca escuchar.

4. Diálogo: el diálogo es una de las herramientas más importantes para educar a los hijos. Hay que explicar, dialogar, expresar los diferentes motivos y lo que se espera con toda la comprensión y la serenidad del mundo.

Es muy recomendable dialogar tranquilamente con un tono de voz sosegado, mirándole a los ojos y poniéndose a su altura. Hay que explicarle por qué es preferible que realice los deberes, con fundamento y asegurándose de que lo entienda. Por ejemplo, si se le dice que «sino el día de mañana no será nadie», no se le está ofreciendo un diálogo comprensivo porque lo único que se consigue actuando así es amenazar y cohibir… Hay que darle explicaciones que pueda comprender, en buen tono y sin meter miedos ni temores.

5. Tiempo de calidad: es importante e imprescindible pasar tiempo junto a los hijos. Es difícil con esta sociedad en la que vivimos, pero debe ser uno de los objetivos principales. Y debe ser tiempo de calidad. ¿Qué significa esto? Pues llenar el tiempo de escuchar y ser escuchado, juegos en familia, contar cuentos, hacer manualidades, relajarse juntos en el sofá, ver una peli de su gusto, ir a pasear en bici, hacer un bizcocho, etc., etc. Todo esto desechando el móvil o tablet. Este vínculo afianzará la relación y quitará a los padres las ganas de gritar y fomentará una comunicación positiva.

6. Trabajo personal: en muchas ocasiones, las madres y padres son conscientes de que no quieren educar así. Pero sienten que les falta tiempo, cohesión, herramientas… Por lo tanto, es muy importante estar decidido a hacerlo y estar seguros de que es lo mejor para los hijos. Una vez hecho, hay que prepararse. Leer mucho, aprender, dialogar y cohesionarse con la pareja para seguir la misma línea y, si es necesario, realizar algún deporte que ayude a calmar esa parte de frustración adulta que a veces se queda dentro.

7. Pedir perdón: muchos padres se ofuscan en que sus hijos pidan perdón a sus hermanos, a sus amigos, a los mismos padres… e, incluso, les obligan a hacerlo cuando consideran que han hecho algo mal. Una vez más, se olvidan de que lo mejor que les podemos ofrecer es el ejemplo. Si queremos que integren el perdón como una herramienta para relacionarse, debemos pedírselo también a ellos cuando consideremos que hemos traspasado la línea del respeto.

Si por el estado de ánimo y estrés de los padres se han saltado todos los consejos y acaban gritando y perdiendo los papeles… lo mejor es, cuando se calmen, pedir perdón y retomar uno por uno todos los consejos y aprovechar para remendar lo equivocado. Ellos son agradecidos y se sentirán muy bien al ver que reconocen los errores y que se quiere mejorar y darles la oportunidad, que todo el mundo merece, de ser escuchado y comprendido. Además de integrar el perdón como algo suyo y como una manera de relacionarse.

Bibliografía: http://www.abc.es


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Mis chistess:

Se encuentran dos amigos y uno le dice al otro

- Que tal te va?

- Pues regular, y a ti?

- A mi fenomenal.

- Y eso?
- Me he comprado un caballo que es una maravilla.
- Cuenta cuenta.
- Pues es un pura sangre, y esta amaestrado. Me limpia la casa, me hace la cama, ...
- Te lo compro
- Ni de coña. Te he dicho que me arregla el coche, me va a buscar los niños al colegio..
- Te doy 300.000€ por el caballo
- Que no tio, este caballo no tiene precio.
- Por favor, a mi un caballo así me sacaría de todos los problemas ...
- No sé, no sé, .. ¿qué haría yo si él? Me limpia el jardín, me trae el periódico ...
- No hablemos más. Te doy un millón de euros.
- Venga vale, por ser a ti te lo vendo

Al mes se vuelven a encotrar

- ¿Qué tal te va con el caballo?

- Pues de pena. Me tiene toda la casa cagada, me ha roto el coche, ha mordido a mis hijos... y no hace nada de nada excepto estar ahí tirado en el salón mordisqueando los sillones.

- ¡Tú sigue hablando así del caballo que lo vas a vender pronto!


Mis frases preferibles:

"Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás"
                                                                                                      -Voltaire-
©PläcentinoEs äma®

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