20121209

Somos los Reyes Magos??

Fotos: es-es.facebook.com

Todo el mundo sabe que la temporada de Navidad comienza a primeros de Noviembre. Todo el mundo sabe también que son fechas entrañables para disfrutar, para compartir, en fin, para hacernos partícipes del “ Espíritu navideño” que nos embarga y nos hace ser mejores, sacar a flote lo mejor de cada corazón ¿ o no ?

Es esta la típica atípica historia navideña. Es probable que, a primera vista, no parezca  familiar ni hogareña. Incluso es posible que sea una historia que pudiera darse en cualquier época del año y no sólo en estas  afectivas fechas. Cabe la contingencia de que el espíritu de las navidades pasadas, presentes y futuras se haya dado por vencido y nos haya mandado a freír espárragos, aburrido harto y desengañado de tantos intentos vanos por reconducir al ser humano. Así  que si alguien es lo suficientemente bisoño para imaginar que, como en el cuento de Dickens, aún queda una esperanza aunque sea débil, de que quede alguien capaz de mutar en buena persona impregnado de un sentimiento cordial de paz y amor a los hombres de buena voluntad, siquiera en esta época, es preferible  que no siga leyendo esto ¿O  quizás sí?

Ciudad estándar, en el extrarradio de una gran capital. Pongamos en los alrededores de Madrid, por aquello del estrés que suele respirarse en el ambiente a todas horas.

Sábado tarde. Últimos días del mes de Noviembre. Tu mujer te engaña. Bueeeeno, no tan literalmente. Tu mujer te ha engañado con el plan del sábado tarde porque te ha dicho : “ Aaaanda, acompáñame al Hipersupercentrocomercial que quiero empezar a mirar los reyes. Los Reyes Magos, Papá Noel, Santa Klaus, San NIcolás y demás farsantes consentidos por los mayores, acordaron en el último congreso de marketing aplicado a la Navidad adelantar sus encargos a primeros de diciembre, incluso antes, aprovechando las facilidades que para ello, altruistamente, les habían proporcionado  los megacentros comerciales. Las ventas de juguetes  habían descendido estrepitosamente por la maldita crisis mundial y había que variar un tanto el enfoque comercial de las mismas.
La lista de nenes regalables es larga y comprendes lo que es evidente, o te espabilas con las compras o sólo te quedará una opción  como último y desesperado recurso : El Hiper “La Glan Mulalla” , resultón, tentador y económico, aunque ciertamente cutre. Tu mujer, está más al día que tú y reconoces que tiene razón, una vez más, en habilidades sociales y comerciales.

Y claro, cedes. Y en el momento de decir que sí es cuando empiezas a cagarla, pero ya lo has dicho así que no te puedes echar atrás. Con gran pesar por tu parte sales de casa y te diriges hacia tu coche, que por otra parte estaba escrupulosamente aparcado después de dar 10 vueltas a la manzana la noche anterior en el barrio buscando a la desesperada un hueco libre,  quitándote horas de sueño y de paciencia. Pero… todo sea por la causa, por ver esas caritas de esos hijos, sobrinos y demás compromisos llenas de ilusión abriendo primero con ansiedad paquetes de regalos y después de desdén, desilusión y apatía una vez descubierto el misterio que tan celosamente encerraban.

Te encaminas, pues,  con tu mujer presa de una gran excitación hacia el Hipersupercentrocomercial. Ella, sinceramente ilusionada con la perspectiva de una tarde de compras navideñas. Tú excitado, pero de un modo diferente. Es… algo más parecido a la mala leche. El ambiente prenavideño te empuja a ello.
Como los magos de oriente divisas a lo lejos la estrella de la anunciación, fabricada con miles de leds que ahorran electricidad, aunque algo te llega a confundir, pues ésta no brilla sóla en la oscuridad, sino que es acompañada por miles de extrañas figuras formadas por más leds que acaban por desorientarte en tu camino al portal del centro comercial.

Justo es entonces cuando entras en la calle donde ya no puedes dar la vuelta ( en todas las ciudades existe esta calle )mejor llamada punto de no retorno, te das cuenta a tu pesar de que la mitad de la población ha tenido la misma idea: Ir al Hipersupercentrocomercial por lo que se ve a tocar los huevos. No tienes suficiente con los atascos de lunes a viernes  yendo y viniendo del trabajo, que te animas con el atasco definitivo, la madre de todos los atascos. Es el Sabatasc, el equivalente de la fiesta judía, pero en pagano y derrochando gasolina.

Te armas de paciencia, o lo intentas , porque  ¡Cómo no! a la mente preclara que diseñó el parking del centro comercial de turno no se le ocurrió ( o no le resultó rentable ) diseñar otro modelo de aparcamiento y pensar que estos sitios se convierten en ratoneras los fines de semana que es cuando más gente puede acudir a los mismos, cada uno en su coche pretendiendo entrar o salir del laberinto.
Además, constatas que, precisamente hoy, es el día internacional de los gililelospollas, ¿que cómo ? Simplemente  por la cantidad de ellos que te encuentras en el atasco.
Por fin, transcurrida una horita de frenazos, arrancadas y acelerones histéricos con riesgo de accidente para que no se te cuelen los listos del carril de al lado para hacer 3 kilómetros, tras una bronca con tu mujer, con el que está parado delante de ti hablando por el móvil, con el que está parado detrás, con uno que acaba de cruzar por delante sin preocuparse de mirar y que te ha hecho pegar un frenazo entras en el parking

¡ Por fin se acabó el atasco¡

¡ Que te crees tú eso ¡ Callejeas en procesión por el aparcamiento para buscar sitio donde dejar el coche  pero, está todo ocupado. ¡Joder¡ Te recorres por segunda vez todo el parking. Nada, ni un hueco. Cada ronda te cuesta por lo menos 15 minutos. Haces  una tercera ronda infructuosa y, a la cuarta vuelta, por fin, divisas una pareja previsora que, con el carro ya lleno han acabado su compra, están saliendo y se dirigen hacia su coche. Un hilo de esperanza te ilusiona y deseas con los dedos cruzados:
Que lo tengan aparcado en esta calle, que lo tengan aparcado en esta calle…

Entonces te das cuenta de que Dios existe y parece una buena persona porque al pulsar su mando a distancia se encienden las luces del coche que tienes 5 metros más adelante. Tu desasosiego inicial se disipa de repente. Te paras al lado de su coche esperando que dejen el hueco al salir con tu intermitencia encendida. Pero claro, justo en el momento en que se han dado cuenta que hay alguien con cara de desesperado esperando para aparcar, su biorritmo se ralentiza inexplicablemente y de una forma sobrecogedora. ¡Con qué parsimonia, vacían el carro en el maletero! ¡Con qué mimo colocan cada bolsa! ¡Con qué exasperada lentitud llevan el carrito a su sitio para recuperar el euro! ¡ Lo que tarda ese coche en arrancar y que se le enciendan las luces ¡ ¡Qué tío más torpe o qué mala leche tiene el muy cabrito que para salir de un hueco donde caben dos coches como el suyo ha tenido que hacer 15 maniobras una detrás de la otra¡

¡Pero hay que comprender que es su ratito de gloria y está decidido a disfrutarlo¡

Compruebas que el desasosiego no te había abandonado del todo.

Tu mente está un poco nublada por el cabreo, pero, en esa nebulosa te das cuenta de que por fin sale ¡Joooooder¡ Pero ¿qué hace? Si está volviendo a meter el coche en el parking… ¿ Será hijo p… ? Se baja y rodeando el coche comprueba que la presión de sus neumáticos es correcta, no había otro momento más apropiado para hacerlo, pero la seguridad ante todo, lo dice Antena 3. Definitivamente sale y tú le dedicas una “oración” con toda tu alma. Entonces, metes primera, con tu intermitencia puesta a la derecha y, cuando vas a moverte ves que alguien que acaba de entrar en la calle del aparcamiento donde tú te encuentras, y que parece hacerse el despistado mete el coche en el hueco. Entonces te das cuenta de que Dios existe, sí, pero que a lo mejor, no es tan bueno como en principio te habías pensado… La vena de tu cuello hinchada casi hasta reventar te palpita mientras abres la puerta del coche repasando la lista de tacos que te sabes. Te diriges hacia la ventanilla del que te acaba de robar el sitio, golpeas con los nudillos el cristal y cuando el señor abre su ventanilla le dices con toda la calma que eres capaz de tener, que por cierto es poca: “Ese hueco es mío ¿no te has dado cuenta de que llevo esperando un rato para aparcar aquí? El señor del otro coche te mira con cara de lelo y te contesta: Perdona, pero este sitio estaba libre y yo lo vi primero, búscate otro sitio y no tengas caradura.

Esta última frase da al traste con la poca educación que te queda. Toda la tensión que has acumulado hasta ahora explota con una violencia inusitada y cual Tiranosaurus Rex de Parque Jurásico le pegas un rugido salvaje a 10 centímetros de la oreja, que le dejas llena de perdigones de saliva.

El silencio se mastica.
Pasan 10 segundos interminables en los que el señor no reacciona, ni siquiera te mira, pero ves que como un autómata mete la marcha atrás y se va. ¡Bien¡ Al girar al final de la calle del parking ves cómo cierra el giro y roza su coche con el de la esquina llevándose su espejo retrovisor, pero no se para. Ciertamente va en estado de shock.

Cuando bajas del coche después de aparcar te das cuenta de que te mira un montón de gente con cara de asombro.

Tu mujer, abochornada no te espera y camina deprisa hacia la puerta del centro.
La gente comenta, murmulla y te sigue mirando.
Tú, todavía caliente, echándote mano al paquete dejas escapar palabras entrecortadas, entre las que sólo se acierta a entender: “vais”, “tocar”, “huevos”…
Satisfecho y más relajado vas detrás de tu mujer que ya está entrando en el centro comercial cuando, escuchas una música que te resulta familiar aunque no aciertas a identificarla. Eso sí, oyes como bandurrias, guitarras… Justo en el momento en que el sensor de proximidad de la puerta te detecta y la abre, llega a tus oídos como cañonazo mortífero la música que intuías pero ahora en todo su esplendor: ¡Son los puñeteros villancicos¡ Un interruptor hace click en tu cerebro y lo apaga. Ahora sabes que tu voluntad está completamente anulada. ¡Viva la Navidad ¡ Y encima, te vas a perder el partido de la liga que tienes pagado ¡Qué gran invento ese del Pay per view!, aunque, no sabes por qué razón, el fútbol ha dejado de importarte. En estos momentos, sólo te queda un objetivo en la vida. Comprar, comprar, comprar……….. al hipersupercentrocomercial.
Sobrepasas las puertas y parando en medio, con ojillos vanidosos brindas a la afición la faena que acabas de realizar. Pero…
Nada más cruzar las puertas del reino de Comprolandia un carro con una gran caja con un televisor de 60 pulgadas, una bicicleta de montaña y un gigantesco árbol de Navidad, tras quien no se ve a nadie empujando y que circula a una imprudente gran velocidad, sin luces choca violentamente  contra ti. Normal. Si es que no te pueden ver con la pila de cosas que llevan en el carro…

Primero, el manillar de la bici que te da en la cara. Tremendo golpe que al mismo tiempo que la sorpresa del impacto hace que te inclines hacia atrás hasta casi caerte de espaldas. Y para remate, el del carro que no se ha dado ni cuenta y que sigue avanzando, te golpea las espinillas con la parte baja del mismo. El carro ha frenado en seco y un paquete mal colocado que contiene ¡joder que mala suerte! un microondas te cae sobre la cabeza.

En un momento te acaban de noquear con un golpe certero a la cara y otro a los bajos, y después otro arriba. Si el dolor y la conmoción te lo hubieran permitido, en ese mismo instante hubieras dedicado un pensamiento, probablemente un “buen piropo “ acompañado de unos “vivas” a la madre del conductor suicida pero… incapaz de reaccionar, sólo puedes ver cómo te esquiva y al tiempo que pasa por tu lado te pide disculpas de medio lado casi sin atreverse a mirarte, acelerando el paso para evitarte antes de que seas capaz de tener una reacción .
Tu mujer, que ha contemplado desde la distancia la escena, ha llegado tarde, pero a tiempo de dar un tirón tira de tu mano con fuerza y quitarte del medio de la puerta en el momento en que un segundo kamikace está a punto de impactar contigo con el mango de una fregona que sobresale del carro justo a la altura de tus dientes.
Te sienta en un banco de la entrada. Tú te dejas hacer, conmocionado. El empleado del Macdonals que también lo ha presenciado todo sale con una vaso de cocacola con mucho de hielo y tu mujer te la pone en la cara dándole las gracias. La cocacola, que con las prisas el chico no ha vaciado, ahora se escurre por debajo de tu camisa a lo largo de tu cuerpo. Te deja mojados y pringosos hasta los calzoncillos. Además del dolor, ahora también sensación de asco. Estás pegajoso. Pero en fin, como mal menor…
Por un momento se te pasa por la cabeza la idea de que el Karma tiene algo que ver en todo esto…
Al cabo de unos minutos notas que tu conmoción va disminuyendo porque aunque el dolor en la cara, cabeza y la espinilla te sigue martirizando, vas recuperando la consciencia y vuelves a escuchar los villancicos. Dudas un instante sobre qué es peor….. Pero está claro: ¡Son peores los villancicos!
Las guirnaldas y las luces de Navidad lo han invadido todo cual hiedra maléfica en un cuento de magos, una versión traducida al español de la canción “Blanca Navidad” cantada por el coro de los niños cantores de Meco da al ambiente un punto entre melancólico y discordante, pero que martillea tus oídos como un taladro de Black and Decker. Hace calor. Las colas de gente en las tiendas intentando conseguir las ofertas de navidad son inmensas. En una tienda de móviles 2 personas , cada una con un niño de la mano, están discutiendo acaloradamente, sin que nadie sepa exactamente por qué. Los niños, superatentos asimilando clichés no se pierden ningún detalle de los improperios que se están dedicando sus papás.
Un papá Noel, de ojos azules, barba blanca y cara de borrachín, tocando una campanilla, se te acerca y te da un folleto de propaganda del menú de Navidad del  restaurante de bocatas cercano, todo sea por promocionar la gastronomía autóctona.
Cierras los ojos. Suspiras larga y profundamente. Navidad, Navidad, dulce Navidad. Es tu primer contacto con las  fiestas y, la verdad, está siendo intenso. Pero todo puede ir a peor, como dijo Murphy y recuerdas la cena de Nochebuena del año pasado con tus suegros y tus cuñados con sobredosis de JB…
Sí. Definitivamente siempre puede ser peor………..
Los cariñosos cuidados de tu mujer, su insistencia en entrar al súper y sobre todo la imagen reciente en tu cabeza de que cualquier Nochebuena pasada fue peor te animan prácticamente a levantarte convenciéndote a ti mismo de que no ha pasado nada.

Le pides el carro a tu mujer, más que nada para poder tener un punto de apoyo a la que comienzas a andar.

Cojeas ostensiblemente. Pero Esparta no fue forjada por pusilánimes.
Le echas un par de huevos y recompones la pose, o lo intentas. Tienes, incluso, la tentación de sonreír. Pero te duele la cara y no lo consigues del todo. Tu mujer aprecia el esfuerzo.
Pasas por los arcos de la entrada, ante la mirada sabuesa y desconfiada del guarda de seguridad, metro ochenta de altura y metro ochenta de hombro a hombro, con un tufillo a mercenario que tira para atrás. Algo en tu aspecto le ha dado mala espina porque ves cómo tuerce la boca mientras te mira de arriba abajo. Hace una llamada por la radio. Chungo, chungo.
Nada más entrar por los arcos tu mujer se desmarca con habilidad por la banda y te deja solo. Está claro que prefiere valerse por sí misma. Descabezado y sin iniciativa te decides maquinalmente por el clásico tour combinado “pasillo de herramientas/pasillo de cervezas”, por curiosear y matar el tiempo, a pesar de que te los conoces de memoria.
Por el camino pasas por el pasillo de adornos navideños y el colorido y las luces te atraen como a un mosquito un farolillo, y entras por aquello de echar un ojo. Recuerdas que en el Belén de casa, tu sobrino te perdió a Melchor el año pasado y piensas que es una buena oportunidad para reponerlo. Pero claro, los Reyes Magos eran tres, y el súper lo sabe y los vende en un kit todos juntitos y a un precio que te cagas.
Te indignas, con razón. Te convences de que tienes motivos.
Coges la cajita de los tres Reyes Magos. Por un momento se te pasa por la cabeza, que todavía tiene algo de niebla, la idea de separar a los tres monarcas.
Total – piensas- nadie se va a dar cuenta si me echo a Melchor en el bolsillo, y estos ladinos del súper ganan mucha pasta como para que  les importe.
Y antes de que tu cerebro haya tenido tiempo de procesar tus intenciones Melchor tiene un nuevo hogar. De nada le valen los gritos a Gaspar y a Baltasar protestando por la pérdida de un colega. Tú no les escuchas.
Al cabo de un rato de estar en ese pasillo estás saturado de la música navideña electrónica de los juegos de luces made in China, te olvidas de Melchor y te acercas a ver las ofertas de sierras mecánicas.
De camino pasas por el pasillo de embutidos. En la cabecera hay una promoción de productos asturianos. Una señorita te ofrece amablemente una tabla de quesos en una bandeja, para que piques. Y picas. Te vas a por el cabrales directamente. Y vuelves a picar. Y vuelves a picar. Después te comes unos trocitos de morcilla asturiana. Hasta que la boca se te queda pastosa e insensible. La señorita te mira con ojos de asombro.
Mira por donde te vas a hartar de comer por la cara… Y además todo lo pasas con 3 vasitos de sidra y un vinito dulce de la misma promoción.
La señorita, con cara de fastidio, te pide amablemente que circules, ¡Vamos! Que te las pires.
Llegas por fin al pasillo de las herramientas y te vas a la zona de todo a un euro, miras a ver qué te puede interesar, pero no ves nada que te guste. Vuelves a las llaves inglesas. Pasas por las herramientas de jardín, después a los grupos electrógenos…
De repente sientes un burbujeo en tu tripa. Es como si el cabrales acabara de aterrizar por allí. Ligero dolorcillo que va en aumento. ¡Joder qué contrariedad! Ahora acaba de llegar la morcilla.
Al cabo de unos minutos los dolores son como de parto inminente. Agudos, fulminantes. Te retuerces. Se te escapa un pedo intenso y correoso. Incluso a ti te da asco.
Decides salir del súper con urgencia para ir a los baños. Aunque no estás seguro de llegar a tiempo.
Comienzas a empujar el carro. ¿Por dónde ? Ah sí, salida sin compras. Por allí te lanzas. Tan concentrado vas que no te percatas de que una sombra de metro ochenta por metro ochenta te persigue.
Pasar por el arco y ponerse a pitar todo es uno. Te pilla despistado, no sabes qué ocurre.
foto: cajamarcaopina.com
De repente, te caen 120 kilos de guardia encima. Schwarzenegger te retuerce con una mano el brazo y con la otra registra en el bolsillo de tu abrigo. Tú estás a otra cosa. Te cagas. Con un gesto de triunfo el guarda encuentra al solitario Melchor, con una etiqueta magnética en el camello, que el gorila te muestra satisfecho. Tú entornas los ojos y de repente los abres con verdadero alivio. El peso del guardia te ha provocado la última y definitiva contracción. El corrillo de curiosos que se ha formado alrededor vuestro da tres pasos atrás con rapidez. No soportan el olor. El guardia te suelta con cara de circunstancias. Alejado tres metros de ti te pide que le acompañes a la oficina. La blanca navidad de repente de ser blanca.
Te levantas ante la mirada malévola y curiosa de medio supermercado y vas con esa mala bestia, un alivio de en la tripa y una plasta en los calzoncillos que llega hasta tu pantalón…
En tu mente resuena de nuevo el “Navidad, navidad, dulce navidad “
foto: soychile.cl
¡ Qué día, Dios, qué día ¡
Maguila, te introduce a empujones por una puerta camuflada que supones, conduce a la oficina de seguridad.  Se acerca poco, lo imprescindible para guiarte a manotazos en tu espalda como una oveja hasta donde pretende llevarte. Sientes, sobre todo vergüenza, porque te mira todo el mundo.
Llegáis a una sala de control, con una pared llena de monitores donde puedes ver gente comprando en el almacén, alguno metiéndose alguna que otra cosa en los bolsillos aprovechando la falta de vigilancia. Con una mueca te señala una puerta que tiene un cartel de WC.
El guarda es hombre de pocas palabras. No estás seguro de si la razón es porque es parco en ellas o porque debido a su posición en la evolución de los primates no ha alcanzado esa facultad, pero entiendes que te está dando una oportunidad de adecentarte y lo que tú interpretas como un gesto  de moderación en el trato para él es pura defensa de sus pituitarias. Pero pasas a lavarte lo mejor que puedes y lo agradeces.
Cuando acabas de asearte, te percatas de que lo que habías pensado previamente era un espejismo. Como ya no hueles, el guarda se anima con el cuerpo a cuerpo y, ¡No te lo puedes creer¡ te esposa las manos al respaldo de una silla. En principio te resulta absurdo. Sí. Absurdo es la palabra. En este momento comprendes a Kafka.
Incomprensiblemente, o quizás no, te viene a  la memoria una frase que has oído en algún sitio, aunque en este momento no recuerdas dónde : “El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio al sufrimiento y el sufrimiento al lado oscuro”, que no le ves el sentido de momento, aunque vas empezando a entender…
El caso es que comienzas a sentir miedo…
Saca de su bolsillo a Melchor y te lo muestra. ¡La madre que me parió ¡ – piensas – todo esto por esta figurilla, ¿ que hubiera pasado si hubiera robado un teléfono móvil ? ¡joder, que no soy el capo de una mafia de contrabando de figurillas de Belén ¡
En un idioma del que sólo entiendes palabras como rrobarrr, o ladrrrón, llegas a la conclusión de que te está volviendo a echar en cara el incidente. ¡Pero si es una figura que cuesta 7,95 euros ¡ ¿ A qué viene tanto alboroto ?  La pago y punto. Pero no. El muy cafre, con las venillas de los ojos ensangrentadas levanta la mano y te suelta un guantazo.
El miedo lleva a la ira…
¿ Será hijo p… ?  Pues ¿ no me ha soltado un tortazo el muy animal ? La rabia empieza a nublarte la vista.
La ira lleva al odio…
Con la mano levantada de nuevo, se abre la puerta de la oficina y entra un señor con traje y la cara desencajada cuando contempla la escena. –
¡ Gruchenkovic ¡ – le grita- ¿ Pero qué coño estás haciendo ?
Te mira y completamente avergonzado te dice : Señor, esto… le pido mil disculpas. Esto ha sido un lamentable error, un error…imperdonable. Gruchienkovic es ex-militar de un ex – país del ex – Este. ¡ cuánto lo siento señor ¡ es que a veces no se da cuenta de que está en un país civilizado y con derechos y se excede en sus funciones recordando viejos tiempos……
Tú no puedes creer lo que estás oyendo y sufres.
El odio lleva al sufrimiento…..
lfoto:a-razon.com
El señor de traje se presenta como el jefe de seguridad del hipersupercentrocomercial y continúa con las excusas: Por favor, le ruego que nos disculpe. Quédese con la figurilla, por favor, no podemos hacer menos . – ¿ La figurilla ? Anda y que se la metan por el….. aunque la coges maquinalmente.
Aquí tiene una hoja de reclamaciones por si quiere presentar una queja contra Gruchenkovic. Le aseguro que va a ser la última porque vamos a despedirle de inmediato… Señor, por favor acepte nuestras disculpas.…Le vamos a ofrecer un vale de 500 euros para comprar en nuestros almacenes como compensación ante este atropello… y te entrega el vale.
Gruchenkovic con ojos de cordero degollado se acerca a ti. Tú cierras los ojos esperando otro sopapo. Pero  lo que hace es soltarte las esposas. Todo el empaque que tenía hace un minuto lo acaba de perder de golpe.
Encima,  piensas, si le denuncio, voy a dejar sin recursos a una familia si este animal se va al paro…o a la cárcel…o lo extraditan ¡Vete a saber ¡
Aciertas a decirle al jefe de seguridad: No. No voy a presentar reclamación.
Ahora su cara se ha transformado en verdadero asombro. No te comprende en absoluto, pero tú ya tienes algo completamente claro..…
Y el sufrimiento lleva al lado oscuro …..
Libre ya de las esposas, te pones de pie. Acabas de llegar de lleno al lado oscuro y percibes como la fuerza aumenta en ti.  Gruchenkovic está parado en frente, con cara de gilipollas y las piernas  un poco abiertas, ha perdido toda su tensión. Tú , desde el lado oscuro, tensas la pierna , sientes como la Fuerza fluye por ella y echas un paso atrás. Antes de que el guardia con toda su preparación militar se haya dado cuenta, lanzas un libre directo que ya quisiera Cristiano Ronaldo y le das justo en medio de los cataplines.
Irreversiblemente, en el lado oscuro se está mejor. Tus ojillos se iluminan mientras disfrutas viendo al gorila retorcerse por el suelo. Te vas y nadie te lo impide. Todos comprenden.
Bajas a la tienda. Buscas a tu mujer. Sólo le dices ¡Vámonos ¡ Ninguna queja, ningún reproche. Ha visto en tu cara todas las explicaciones que necesita.
Ella no comprende pero tú le dices :  A partir de ahora  ¡ Celebraremos el año nuevo chino, coño ¡ Y Melchor te dice adiós desde la papelera envuelto en un vale de 500 euros…..
Navidad, Navidad, puñetera Navidad, cantas entre dientes……

Foto: weblogs.eltrecetv.com.ar

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Me´s:
 -Alguien dijo una vez que en el momento que te paras a pensar si quieres a alguien ya has dejado de quererle para siempre-. Consol Agulló 


La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. 
Agradecimientos al autor original (http://aiamborderline.wordpress.com) y a Consol
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 äma®

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